17.9.12

Sobre la innovación, la pasión, las ideas y los detalles

600 palabras. Tiempo aproximado de lectura 1,5 minutos.

Es frecuente escuchar que la distribución (y la distribución alimentaria en especial) no innova lo suficiente. Sobre todo en tiempos de crisis,  ya que la innovación es una de las recetas más socorridas para combatirla. Suele darse por descontado que la innovación tiene que ser liderada por las grandes firmas debido a su capacidad de investigación e inversión, sin reparar en que para innovar suele bastar con tener el espíritu y la claridad de ideas necesarias.

Un ejemplo de que buenas ideas y pocos medios pero bien usados son Monvínic y La cuina d'en Garriga, ambos en el eixample barcelonés, de hecho a pocos metros entre sí.


Un sofisticado viaje al universo del vino

Bodega, espacio culinario, bar de vinos, tienda, catas y conferencias, centro de documentación. Todo esto es Monvínic según su propia página web. Su objetivo "ser una referencia internacional como centro divulgador de la cultura del vino", una tarea propia de héroes.

Lo llamativo es que todo eso coincide en un mismo espacio. El bar, el comedor, la oficina,... comparten -sin barreras visuales- la sofisticada arquitectura interior que genera un ambiente selecto. Pero no solo es el espacio lo que se comparte, también los clientes. Seguramente lo más habitual será que los clientes conozcan Monvínic porque acuden al bar de vinos o al restaurante, pero ya que están allí ¿no sería buena idea ofrecerles la oportunidad de comprar una botella? La manera de hacerlo es muy poco intrusiva, se aprovecha las paredes de la entrada para proyectar productos y su precio, y -lo mejor de todo- la elección del vino a degustar se hace mediante una tableta con la que se puede realizar también una compra complementaria.

¿Qué decir del resto de actividades? Un excelente ejemplo práctico de lo que significa el marketing de contenidos y experiencial. No es necesario buscar en otros sitios, cualquier actividad relacionada con el vino se encuentra allí. Por cierto, la experiencia empieza con el exquisito trato que clientes y caldos reciben por parte del personal.

La carta de vinos se presenta mediante una tableta

Moderna tradición

A simple vista la primera impresión al descubrir La cuina d'en Garriga es que se trata de un antiguo colmado de barrio reformado. Lo parece, pero no lo es. En realidad es una antigua tienda de moda reconvertida en tienda gourmet, bar y restaurante. Empezó solo como tienda, y desde hace un año aproximadamente se puede degustar allí mismo sus exquisitos productos.

La idea de aprovechar el local para ampliar la oferta es un acierto. Los productos delicatessen se compran en contadas ocasiones para degustarlos en casa (generalmente para las celebraciones familiares), pero siempre apetecen en pequeñas porciones. El caso es que con apenas inversión adicional en equipamiento, con el surtido que ya existía, alargando algo el horario de apertura y creando algunos puestos de trabajo, el negocio crece y mejora su prestigio.

La arquitectura de interiores no es tan sofisticada como en el caso anterior, pero es igualmente excelente. Consigue transmitir a la perfección la idea del sabor y los valores de lo tradicional, casi una ventana a cincuenta años atrás en la que no hay nada fuera de lugar, desde los cuadros con carteles publicitarios franceses hasta la música. Muy buenos algunos detalles del merchandising, como los carros usados para la exposición de hortalizas en la entrada, o usar los cajones de la cámara frigorífica como expositores.

La atención igualmente inmaculada por parte del personal, atentos y conocedores del producto que venden; porque lo venden, no lo despachan.

Detalle de la entrada al local
Una idea clara, pasión, creatividad, saber que ofrecer de distinto al cliente y alguna chispita de vez en cuando. No hace falta mucho más para innovar con éxito. La próxima vez que te preguntes porque tu negocio es casi el mismo que hace décadas, conviene que te pares a pensar si tienes todo eso.

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